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Las finales de la Superliga Orange en Bilbao hacen historia y marcan el camino de los deportes electrónicos en España

El Palacio de Deportes Bilbao Arena se convirtió en un anfitrión de lujo para alcanzar cifras récord en los esports hispanoamericanos

Captura de pantalla vía LVP

Comenzaba el evento, Ibai «LVPIbai» Llanos salía con paso firme para plantar cara a casi 3 000 espectadores. Su carisma y su forma de comentar le han granjeado al bilbaíno una popularidad que ha traspasado cualquier frontera de los deportes electrónicos en España. La ovación que recibe es espectacular. La experiencia le ha llevado a subirse a muchos escenarios, a pesar de sus 23 años de edad, y se desenvuelve bajo los focos con la soltura de un veterano.

En su discurso de entrada tiene tiempo, entre los agradecimientos y presentaciones pertinentes, de acordarse de Eduardo Yuguero –expandiendo la LVP en tierras de Latinoamérica-; de Nil García, que se ha tenido que quedar en Madrid y de su mano derecha durante mucho tiempo, Ander Cortés. La mención del deustuarra desata una gran ovación. Por último, el recuerdo y apoyo hacia Gustav «Xyraz» Blomkvist, el jugador de Movistar Riders que padece un cáncer de estómago, se hace patente con otra atronadora descarga de aplausos

El público está entregado por completo y los bastones de plástico, que aguardaban en cada asiento, están por todo lo alto tronando e iluminándose. La siempre efectiva marcha de The White Stripes, Seven Nation Army, marca el ritmo de lo que a la postre será una de las imágenes más impactante de toda la velada: con el estadio a oscuras y casi 3 000 espectadores golpeando sus palos al unísono.

Imagen vía LVP

Más que unas cifras

2 900 aficionados contemplando las finales de la Superliga Orange de League of Legends en Bilbao, casi el triple de las reunidas en Murcia seis meses atrás. Alrededor de 20 000 personas más siguiendo el directo a través de la plataforma de Twitch, con un pico de 32 000, los comentaristas de la Liga Profesional de Videojuegos (LVP) no paraban de hacer hincapié en los datos que colocaban a la retransmisión del 2 de septiembre de 2018 como la más exitosa de su historia.

Varias horas antes, el Palacio de Deportes Bilbao Arena recibía un goteo constante de personas con las tradicionales confusiones entre los acreditados, los invitados y los espectadores con entrada general. Los miembros de la organización apostados en las diversas puertas permitían o denegaban el acceso a las diferentes zonas, de nuevo con pequeños desconciertos. Aprovechando el desbarajuste conseguí acceder a pie de pista con el pase de prensa, «algo que no podía suceder».

Nada más entrar por cualquiera de las puertas del recinto, la primera imagen que recibía el espectador  era la inmensa pantalla que abarcaba 144 metros cuadrados, impresionante desde cualquier punto del estadio. No eran pocos los que repetían la entrada para grabarla con el móvil. El espectáculo de luces y el humo ayudaban al ambiente y en cada asiento se podía encontrar un pequeño paquete con los bastones de plástico inflables en su interior que al golpearlos se iluminaban.

Un miembro del «staff», sorprendido de que me hubieran dejado pasar, comentaba que la capacidad del recinto era de alrededor de 3 500 aficionados. El estadio original, con capacidad para 8 500 asientos, se había acortado a la mitad para permitir a los espectadores estar más cerca de la pantalla. Se optó por una disposición semicircular, en vez de por una en 360°, para evitar que se creara una sensación de tubo.

Imagen vía LVP

José «Dayo» Altozano -periodista, escritor y youtuber- no se mostraba excesivamente impresionado por la infraestructura desplegada, a pesar de ser su primer evento presencial, ya que había visto imágenes de otros campeonatos de deportes electrónicos. «Está bien estar en presencial en vez de verlo a través de internet, siempre es bonito poder sentir esto desde dentro», añadió. Por otro lado, Felipe «Felipez360″ Calle -«streamer»- sí que parecía más satisfecho: «Lo que monta la LVP es espectacular siempre y a nivel de realización es acojonante».

El presentador de Esportmaniacos, Antonio Guillermo «Yuste» Armero, también estuvo presente en Bilbao y se deshizo en elogios sobre el escenario: «Hace un año esto no se podía soñar en España, es una auténtica locura». Sin embargo, tuvo duras críticas para Riot: por la imposición del calendario y la cercanía de fechas con las finales del «split» de verano de la LCS Europea, que se celebra en Madrid entre el 8 y el 9 de septiembre, apenas una semana después del evento en la capital vizcaína. «Viene menos gente, tanto porque acaba de terminar el verano y la gente está ahorrando, algunos están con los exámenes y otros porque la LCS de Madrid está a la vuelta de la esquina y tienen que elegir uno de los dos», explicó.

Armero no se abstuvo de criticar a la organización por el ritmo planteado durante la retransmisión, alegando que las pausas entre las partidas eran excesivamente largas, sobre todo si tras la mesa de análisis era necesario realizar pequeños concursos patrocinados por las marcas de la Superliga Orange. «Me habría gustado algo más sorprendente, algo más de jijijaja, pero por lo demás muy bien», finalizó.

En los aledaños

Fuera del estadio las colas se extendían varias decenas de metros, pero todos los grupos preguntados aseguraban no llevar demasiado rato esperando. «Alrededor de diez minutos», comentaba una pareja de hermanos bolivianos residentes en Basauri, un municipio cercano a Bilbao. El público, de todo tipo, oscilaba entre los 13 y 45 años, no eran pocos los padres que asistían al recinto con sus hijos. Mucha gente de Donosti, Pamplona o Vitoria acudió a Bilbao para vivir en primera persona el evento.

Un grupo de seis chicos -especialmente jóvenes- se desplazaron en autobús por su cuenta desde Lasarte-Oria, una localidad gipuzkoana situada a casi 100 kilómetros. Un padre vitoriano de 45 años se intentaba mostrar optimista con lo que le esperaba: «No es un marrón, estoy a gusto y a ver esto un poco».  Uno de los hijos – que llevaba la camiseta de Vodafone Giants, ya había estado con anterioridad en el Palacio de Deportes Bilbao Arena- se mostraba muy satisfecho al ver que habían acortado la pista para tener la pantalla más cerca desde sus asientos (en la parte superior de la grada central). «Creíamos que desde nuestro sitio no íbamos a ver nada pero está muy bien montado y va a haber muy buen rollo», explicó.

Cerca la cola había un puesto con merchandising y camisetas de los diferentes equipos de la Superliga Orange de League Of Legends. Las chicas encargadas contaron que habían realizado bastantes ventas tanto de pulseras, como de tazas y camisetas de los dos equipos de la final, aunque las de MAD Lions superaron a las de Vodafone Giants.

Imagen vía LVP

Una vez dentro del recinto, pero fuera del estadio, la organización dispuso de varias tablets en las que jugar a un trivial sobre League of Legends y la Superliga Orange. La idea consistía en responder a diez preguntas y todos los participantes entraban dentro del sorteo de unas entradas para la final de la LCS en Madrid. Además, los aficionados que respondían ocho, nueve o diez preguntas de manera correcta se llevaban una bolsa con una camiseta, una alfombrilla y un llavero de la liga. Con siete respuestas acertadas solo la alfombrilla y con menos de siete el llavero y una piruleta. Mientras tanto, por la zona, chicas de Takis repartían sin piedad bolsas de la marca de aperitivos.

Historia viva

Titulaba ayer mi compañero Miguel Casquero que la victoria de MAD Lions se había logrado con “una demostración de clase”, mis limitadísimos conocimientos sobre League of Legends no me permiten estar a favor ni en contra. Desde luego la LVP realizó otra demostración al ofrecer a los aficionados de los deportes electrónicos un ambiente de gala: era muy difícil no sentirse embriagado y tener la sensación de estar ante algo grande, verdaderamente grande, y sobre todo real.

Al Palacio de Deportes Bilbao Arena acudieron aficionados de todo tipo: algunos de ellos tenían sus preferencias claras; otros no habían visto un solo partido de Superliga Orange y preferían la LCS y los menos, como el padre de 45 años o yo mismo, apenas alcanzábamos a comprender todo lo que aparecía en pantalla y los comentaristas de LVP narraban con facilidad pasmosa.

Tras más de cinco horas de League of Legends, el estadio comenzaba a vaciarse poco a poco. Desde el mismo recinto resultaba difícil comprender la magnitud de todo lo ocurrido: los deportes electrónicos han hecho historia en España y los allí presentes han contribuido a que así sea. Con el tiempo, si todo va bien, estas cifras registradas el 2 de septiembre de 2018 en Bilbao quedarán como el tierno recuerdo de una época en la que los esports estaban en plena expansión.

Aunque eso ocurra, a la mejor ciudad europea de 2018 se le recordará por haber juntado en un mismo evento una infraestructura de primer nivel con una espectacular puesta en escena y por haber marcado, con todo ello, el camino de lo que debería ser esta industria de cara al futuro en cuanto a ambición, inversión e implicación de toda la comunidad.