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Gracias, Madrid

Dos días que quedarán para siempre en la historia del League of Legends español

Fotografía por K. Bashkirov vía Riot Games

Mientras el espectáculo miraba a Madrid, la polémica miraba a Canarias. Debido a las iniciativas isleñas en torno a los deportes electrónicos, una parte de la comunidad del arquipiélago se había dedicado a difundir imágenes y creaciones críticas basadas en argumentos que bien se podían haber quedado en la Edad Media.

En redes sociales, hubo mucha gente que difundió tales atrocidades. Pero no era necesario. Nadie necesitaba defender este fin de semana a los deportes electrónicos. En Carabanchel, en el pleno núcleo de lo que en su momento fuera un lugar histórico para el mundo de los toros, los esports estaban hablando por sí solos.

Fotografía vía Riot Games

Calle General Ricardos, Madrid, 08 de septiembre de 2018, cuatro y media de la tarde. La larga avenida que atraviesa años y años de historia trabajadora de la capital de España se encuentra hoy llena de gente de todos lados. No es Lavapiés, pero sí tiene mucho intercambio cultural en sus fachadas. Desde restaurantes peruanos hasta los bares más tradicionales, a estas horas de la tarde el ambiente transmite algo especial.

Mucha gente habrá ido en transporte público, probablemente más en metro, donde se habría encontrado los múltiples anuncios publicitarios de la final de la LCS EU 2018 en Vistalegre. Como autor, tuve la suerte de vivir la zona más que nunca. Alojado a escasos quince minutos andando del estadio, el camino hacia él fue algo que muchos asistentes probablemente se perdieron.

En ese momento me vino a la mente mi viaje a Vistalegre hace tres años. Tres años que en esports marcan carreras. Hace tres años yo llegaba a la estación de Méndez Álvaro con un bus que se había retrasado y tenía que pedir un taxi a última hora para poder asistir al evento como aficionado. Hace dos escasos días fui tan tranquilo por las calles aledañas disfrutando de un barrio lleno de vida.

Hace tres años, muchos fueron a Vistalegre… pero pocos de ellos quedan. Ya delante del estadio te podías dar cuenta de que esto no tiene nada que ver con lo sucedido en 2015. Las colas para la entrada eran, irónicamente, mucho más pequeñas y la comunidad en general era igual de joven que de aquellas… algo que sería el indicio de que no podían ser los mismos y que se estaban haciendo mejor las cosas.

Fotografía vía Riot Games

La comunidad se está rejuveneciendo. Pregunté a decenas de personas, casi un ciento, una vez estuve dentro del estadio… y me fue imposible encontrar a veteranos de guerra. Son solo tres años, en fútbol algunos pensarán que es imposible, pero en los deportes electrónicos las aficiones mudan muy rápidamente. Tuve que poner un mensaje en redes sociales al día siguiente para poder hacer esta pieza.

Por suerte, varios chicos acudieron en mi llamada. Un viejo conocido mío, Antonio, me aseguraba que hace tres años todo estaba igual a lo que veía ahora. «Hace tres años lo viví como una fiesta deportiva, como cuando voy a un partido de rugby», declaró sin embargo. Su conocimiento ha aumentado y su alcance es diferente. 

Un trío de amigos, aficionados de Fnatic, se acercaron para contarme también sus vivencias. «Esto es LCS, no es SLO», afirmaba Víctor, de 24 años. La magnitud es diferente, su público también. Lo habitual entre la mayoría de personas no es ser seguidores longevos de esports, por lo que en Vistalegre un montón de personas venían al espectáculo por mera curiosidad.

«Estar en Bilbao me recordó a Vistalegre hace tres años. El formato a media pista no tiene nada que ver con el circular, puedes ver mejor aquí a los jugadores y el ambiente es espectacular. Pero lo que más me ha fascinado ha sido la comunidad, la gente se ha volcado mucho más. En su momento era el primer evento al que iba y solo venía a disfrutar de las partidas, pero hoy he vivido algo más», aseguró Álvaro de 23 años.

Fotografía vía Riot Games

Alberto viene de Valencia y aprovecha cualquier oportunidad que puede para viajar y ver a sus amigos de diferentes puntos de España. Él también estuvo en Vistalegre y ha vuelto a ver a sus amigos de la capital española gracias al evento. Después de cinco años de ver partidas competitivas, un aficionado más de Fnatic, le fascina ver el estadio como brillaba el fin de semana.

En general, había demasiados aficionados de Fnatic, incluso en el tercer y cuarto puesto. Tras llegar con mucha antelación al día siguiente al estadio para disfrutar de la final, uno se daba cuenta de que el efecto Origen también seguía ahí. Sí, la gente había tenido que olvidar a sus ídolos, pero las camisetas van a seguir siendo un recuerdo inexorable de una etapa que posicionó España en el panorama europeo.

Si se mezclan ambas escuadras, la respuesta es clara: Paul «Soaz» Boyer. El francés no es el más querido en cuanto a ruido dentro de las largas ovaciones que hubo en los minutos previos a los partidos y las presentaciones, pero sí el que más ha llegado a todos los aficionados españoles. Es difícil encontrar a alguien que no esté enamorado de Soaz.

Las batallas grupales en Vistalegre revivieron por momentos los «olés» que se podían presenciar en ese mismo sitio hace 20 años. Pero en este caso, en el mundo moderno de esos videojuegos que «tanto daño hacen», ninguno de los dos bandos sale perjudicado. Detalles como risas compartidas entre Soaz y Andre Guilhoto justo antes de comenzar las partidas te hace pensar que quizás este sea el único deporte en el que ninguno sale derrotado, solo vencido.

Fotografía vía Riot Games

Un domingo a las 16:50 de la tarde es un momento un poco tardío para disfrutar de una misa, pero en Vistalegre todo el mundo estaba levantado para recibir a sus ídolos. El público no se cansa de corear. «¡MVP! ¡MVP! ¡MVP!», tres letras que lo dicen todo. Lo más emocionante de los cánticos, naturales y nada forzados, se vivió al final de las partidas. Ernesto «BarbeQ» Folch y Ulises Prieto no lloraron por fuera, pero sí lo hicieron por dentro. Precioso.

Yo también lloré. Por suerte, las cámaras estaban centradas en el espectáculo, porque las vivencias de cada uno deben quedarse en eso. Miles de personas ayer recibieron un dosis de motivación. De Vistalegre saldrán futuros jugadores, comentaristas, entrenadores y hasta árbitros. De Vistalegre ni siquiera salió un Schalke 04 molido y hundido, porque desde Maurice «Amazing» Stückenschneider hasta Kiss «Vizicsacsi» Tamás sabían que lo que habían logrado era mucho. Ya el mero hecho de que pueda redactar sus nombres y apellidos sin tener que buscarlos dice bastante.

Sin embargo, Schalke 04 plantó cara. Schalke 04 no dejó pasar la ocasión, planteó unas partidas muy difíciles al rey de Europa y durante muchos minutos se le vio como favorito gracias a la proactividad del jungla alemán. Proactividad contagiosa que se veía en las gradas. 

Enrique, 18 años. Aficionado de Cloud9, Soaz y ex de Origen. Plata II, madrileño, el joven chaval ya había estado en el All-Star de Barcelona. Con un perfil que podía ser aplicado a muchos de los allí presentes, su experiencia fue seguramente única. Somos un colectivo imparable, pero la magia está en cada uno de nosotros.

Fotografía por K. Bashkirov vía Riot Games

A las 17:00, cuando Ibai se presenta en el escenario para introducir a Vistalegre al mundo, el estadio se cayó totalmente. Cada jugada, desde el suicidio exitoso de Gabriël «Bwipo» Rau hasta el asesinato uno conta uno de la Irelia de Erlend «Nukeduck» Våtevik Holm al Ryze de Rasmus «Caps» Winther se celebra como si fuera el fin de todo. Cada momento es único y se disfruta con la conciencia de que se está viviendo algo inolvidable.

Lo más bonito que no existe en casi ningún deporte tradicional pero sí entre las aficiones de League of Legends es que no hay bandos enfrentados. Tendrá aspectos negativos, pero una vez estás dentro te hace feliz ver que todo el mundo es aplaudido. Da igual qué equipo juegue, si haces una jugada espectacular vas a recibir el apoyo del público. Las estrellas se forjan independientemente de su equipo. 

«¡Qué es esto, parece un concierto de la Oreja de Van Gogh!» gritaba Ibai cuando la gente sacaba los móviles en la tercera partida con la luz blanca. Admitámoslo, todos allí sabíamos que esa escena era un sin sentido… pero no se olvidará fácil. Nadie allí estaba para juzgar, sino para disfrutar. Cuando la comunidad se une, los prejuicios desaparecen.

Lo más bonito de los últimos minutos vividos en Vistalegre fue ver a toda la familia de Team Vitality junta, a mi lado, deseando que llegara el final para saber que iban a estar en el mundial. Novias, hermanas, madres, padres… todos estaban allí. Icónico queda que en el día anterior ellos se habían sentado en el mismo sitio donde lo hacían los allegados de Fnatic en el domingo. ¿Coincidencia? Sí, muy bonita por cierto.

Fotografía por M. Konkol vía Riot Games

Fnatic no levantó la copa una vez. Ni dos. Ni tres. Lo hizo hasta seis veces, una por cada jugador, y el público español destrozó sus propios tímpanos en cada ocasión. Esto es una fiesta, una fiesta a la que todo el mundo había sido invitado. Desde los 11 000 (aproximadamente) que pudieran estar en Vistalegre hasta los 50 000 que lo vieron por la retransmisión de la Liga de Videojuegos Profesional.

El juego, entonces, estaba muerto. Se había acabado, las ruedas de prensa habían mantenido a los periodistas durante varias horas para que, a las 10:50 de la noche, ya solo se estaba desmontando. Salía de Vistalegre hacia la parada de metro para disfrutar un poco de la vida madrileña cerca de Lavapiés. Incluso allí, varias horas tras haber acabado todo, vi a un chico con la camiseta de Fnatic.

Y sonreí. Sonreí como nunca lo había hecho. Con mucho sudor, cansado y sin tobillos. Gracias por todo.