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El líder que no necesita liderar

Fnatic es el mejor equipo de Occidente en la actualidad, pero brillar en Corea es otro escalón

Fotografía vía Riot Games

El cura y el profesor son figuras tradicionales en los pueblos gallegos. Normalmente hay uno en cada rol, como mucho, y el segundo incluso cubre varias parroquias y no solo da misa en una. Aun así, se le tiene mucho aprecio y es por ello por lo que suele ser invitado a las grandes celebraciones y, en el pasado, a las matanzas.

De estas personas normalmente se sabe poco. Se les aprecia por lo que son pero nadie se preocupa por saber sus vidas. No obstante, si se les da un poco de espacio en una conversación, tienen mil batallas que contar. Por algo son los sabios de la aldea, aquellos a los que se acude si se quiere adquirir conocimiento.

Fnatic no es favorito al Campeonato Mundial. No es necesario decirlo. Pero sí es importante comentar por qué es una figura obligada, como hasta hace nada lo era Team SoloMid, en una gran cita internacional. Fnatic representa la experiencia, juventud y liderazgo, todo a la vez. Fnatic también es la esperanza de toda Europa. Fnatic es, por tanto, una pieza insustituible en Corea.

Inabarcable

Fotografía vía Riot Games

A lo largo de estas piezas han habido equipos con historias tan longevas que han sido imposibles de describir en seis párrafos. En este caso no solo es imposible, sino que además sería incapaz de definir toda su vida deportiva en League of Legends con la misma longitud que tiene el artículo en total. Por lo tanto, de Fnatic solo se contarán los últimos cuatro años.

A finales de 2014, Fnatic perdió por primera vez una final de la League Championship Series. Aunque llegó al Campeonato Mundial de ese año, este hecho marcó el fin de una era protagonizada por Enrique «xPeke» Cedeño, Paul «Soaz» Boyer y Lauri «Cyanide» Happonen. Una época en la que dominó el viejo continente y en la que solo se quedó fuera de un gran torneo en el mundial de 2012.

Para 2015, Fnatic renovó totalmente el proyecto. Contrató a un desconocido Luis «Deilor» Sevilla como entrenador y apostó por cuatro auténticos novatos solo comandados por Bora «YellOwStaR» Kim en la posición de apoyo. Ese Fnatic sorprendió por su nivel en tan poco tiempo y hizo olvidar a los aficionados la pérdida de sus ídolos. La vuelta de Martin «Rekkles» Larsson en verano favoreció.

Fotografía vía Riot Games

La marcha de los dos coreanos más queridos a Norteamérica, así como el veterano francés, hizo que Fnatic tuviera el peor año de su historia. No obstante, todo en un contexto en el que G2 Esports había saltado de la nada como una apisonadora y la organización seguía dando continuidad a un gran año, a pesar de que los resultados no acompañaban.

En 2017, un Fnatic perdido por el camino quiso volver a su esencia: Europa. Apostó por un quinteto con jugadores exclusivos de la región y, sobre todo, apostó por una mezcla completa entre veteranos y novatos. Soaz volvió a la organización junto a Maurice «Amazing» Stückenschneider, mientras que poco a poco el alemán fue reemplazado por un prometedor jungla danés Mads «Broxah» Brock-Pedersen que acompañaba mejor a su compatriota Rasmus «Caps» Winther.

Poco a poco el equipo fue creciendo y su milagro en el Campeonato Mundial llevó a unas buenas sensaciones de cara a 2018. Estas hipótesis, sumadas a la desbandada en su rival G2 Esports, se confirmaron rápidamente y Fnatic ha vuelto a reinar en Europa. Primavera fue la instalación en el trono pero verano ha sido la consolidación.

Un Ferrari también necesita un pedal

Fotografía vía Riot Games

Solo una pieza cambió del año pasado a este. Solo una figura, escondida tras todas las cámaras que enfocan a su medio, ha modificado a un Fnatic que aspiraba a segundo. Solo un jugador ha creado una mecha que ha activado la bomba que es en la actualidad el mejor equipo de Occidente. Sin contar el cuerpo técnico, claro (no me mates Pedro).

Zdravets «Hylissang» Galabov no parece ser un punto influyente en Fnatic, pero lo es. Con el búlgaro, Broxah genera muchísima más presión que en ediciones anteriores. La razón está en una antigua sinergia entre jungla y apoyo, un factor que no estaba en el equipo desde 2015. No invaden, tampoco controlan la visión en demasía, pero sí se aseguran que Caps tenga una libertad brutal. Incluso lo acompañan cuando este genera alguna diferencia.

El ejemplo al que todo el mundo acudirá es Pyke. Con el nuevo campeón, Hylissang puede dejar libre a su compañero de línea (Ya sea Rekkles o Gabriël «Bwipo» Rau) sin miedo a ser penalizado por su absurda movilidad. Pero con Shen o Alistar la ídea es la misma, el exmiembro de Unicorns of Love no entiende de metajuegos.

Fotografía vía Riot Games

Sin embargo, en los playoffs de verano este Fnatic apareció en pocas partidas. En muchas de ellas no dominó en los primeros compases ante un Schalke 04 y Misfits que plantaron mucha cara. Apareció otro Fnatic, el de saber sacar el máximo provecho de una buena jugada. El conjunto británico no es excelente en batallas grupales, pero aun así cuando es capaz de dividir al enemigo las consecuencias para este pueden ser fatales. Tanto en resultado directo, como en estructuras después.

La dualidad en la calle superior podría parecer una ventaja, pero no lo es tanto. Tamás «Vizicsacsi» Kiss demostró que se podía poner por delante tanto de Bwipo como de Soaz en fase de calles y ninguno de los dos jugadores debería dominar sobre sus enemigos de línea. Es probable que Soaz coja más importancia por veteranía, pero no influirá en los planteamientos de los rivales.

Rekkles, a su vez, es una incógnita. En su mejor momento se le vio flaquear contra grandes tiradores internacionales y ahora, además, llega sin mucho nivel de fondo. El sueco ha podido brillar con Kai’Sa y Tristana, pero su Sivir no parece estar muy bien en el actual metajuego y podría sufrir. Hylissang necesita liberarse para ejercer presión, pero si son avasallados como ya lo hizo Schalke 04 en las semifinales, el búlgaro podría ser denegado. 

Dios bendiga a Caps

Fotografía vía Riot Games

«Baby Faker » es y será un denominador pretencioso, una comparación innecesaria. En su momento, además, parecía algo absurdo e implanteable. Pero a medida que ha pasado el tiempo ese joven danés que debutó directamente con Fnatic se ha ganado algo más que llamarse «Baby», aunque la palabra que vaya detrás sea «Faker».

Caps es el mejor jugador de Europa y, probablemente, de Occidente. Habrá voces discordantes, pero nadie se atreve a afirmar que este jugador maravilla con cualquier campeón. En las últimas 31 partidas ha jugado 19 campeones y su perfil varía desde un asesino extraño como Wukong hasta un tirador en la calle central como Vayne.

El equipo gira en torno a él, eso es cierto, pero no por ello se puede infravalorar su capacidad mecánica y definición en el estilo del equipo. Hylissang es la mecha, pero él es el fuego. Ante la salida de Rekkles en gran parte de la temporada, Caps no ha temido coger galones y sin duda lo ha hecho a la perfección.

Ser realista siempre es una virtud

Fotografía por Kirill Bashkirov vía Riot Games

Llegó el momento de la verdad. Un entorno que Fnatic conoce, en el que brilló cuando los asiáticos no existían y también se quedó cerca cuando estos renacieron. Esta vez viene como líder tras tres años detrás de G2 Esports, un representante que no ha estado a la altura en las grandes citas ante contextos adversos.

Clasificarse a cuartos de final es casi una obligación, pero Fnatic no debe infravalorar a G-Rex. El reto mayúsculo, no obstante, será vencer a un Invictus Gaming al que ya se temía en primavera. Los estilos chocan drásticamente por lo que no habrá títere que quede con cabeza: o los europeos acaban amasacrados en veinte minutos o los chinos desquiciados en más de treinta.

Ahora, la presión no debería estar. Fnatic es un grandísimo equipo, pero no se le debe exigir como máximo dominar en su grupo y llegar a semifinales. Si lo consigue, como hizo en el pasado sin ninguna pretensión, será una grata sorpresa. Pero bajo ningún concepto el aficionado más acérrimo a la organización inglesa debería decepcionarse.